"Encontrando firmeza en medio de la crisis"
- cowmama60barnes
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Alzo mis ojos a las montañas:
¿De dónde vendrá mi ayuda?
Mi ayuda viene del Señor, el Creador del cielo y de la tierra. Él no permitirá que tu pie resbale; el que te cuida no dormirá; ciertamente, el que cuida a Israel no dormirá ni se adormecerá.
El Señor te cuida; el Señor es tu sombra a tu mano derecha; el sol no te dañará de día, ni la luna de noche. El Señor te guardará de todo mal; él cuidará tu vida; el Señor cuidará tu entrada y tu salida, desde ahora y para siempre.
Salmo 121
Meditación:
La crisis tiene la capacidad de sacudir el suelo bajo nuestros pies. Ya sea una pérdida repentina de empleo, un diagnóstico aterrador, un accidente, un desastre natural, violencia, persecución, terrorismo, una etapa de agotamiento emocional...
Todos sabemos lo que se siente al mirar a nuestro alrededor y preguntarnos de dónde vendrá la ayuda...
El Salmo 121 habla directamente a ese momento de incertidumbre con una confianza tranquila e inquebrantable.
El salmo comienza con una línea simple pero profunda:
“Alzo mis ojos a las colinas:
¿de dónde vendrá mi ayuda?”
Es la pregunta que se hace todo corazón abrumado. Y la respuesta sigue inmediatamente: “Mi ayuda viene del Señor, el Creador del cielo y de la tierra”.
Este no es un poema de optimismo. Es una declaración de la realidad: Aquel que creó las galaxias está atento a tus pasos, tus miedos, tus necesidades...
Cuando la vida parece estar fuera de control.
La crisis a menudo nos hace sentir expuestos o desprotegidos.
El Salmo 121 contrarresta ese miedo con una poderosa promesa: “El que te cuida no dormirá”.
En otras palabras, Dios no descansa. No se pierde el momento en que suena el teléfono con malas noticias o cuando la ansiedad te mantiene despierto a las 3 de la mañana. Su atención es constante, firme y personal.
Ejemplo:
Imagina a alguien lidiando con una emergencia médica de un ser querido. La sala de espera se siente fría, las horas se alargan interminablemente y cada noticia parece un golpe en el pecho...
El Salmo 121 les recuerda que, mientras esperan, no están abandonados. Dios está presente en la incertidumbre, sosteniéndolos cuando sus propias fuerzas flaquean.
Cuando atraviesas el calor del estrés
El salmo continúa: «El sol no te dañará de día, ni la luna de noche».
Esta imagen habla de los extremos: calor, frío, peligro, agotamiento. Las épocas de crisis a menudo se sienten así: demasiada presión, demasiadas incógnitas, demasiados altibajos emocionales.
Ejemplo:
Piensa en alguien que se enfrenta a la ruina financiera. Las facturas se acumulan, las llamadas de los acreedores llegan a diario y la vergüenza resulta asfixiante.
El Salmo 121 ofrece un contrapeso: Dios te protege para que no seas destruido por la intensidad del momento. La crisis puede ser real, pero no tiene la última palabra.
Cuando temes lo que te depara el futuro
El salmo concluye con una promesa trascendental: «El Señor cuidará tu entrada y tu salida, desde ahora y para siempre».
Esta no es una promesa de que la vida estará libre de crisis. Es una promesa de que el cuidado de Dios no es temporal. No expira cuando las circunstancias empeoran. Su protección abarca todo el camino: las partes que puedes ver y las que no.
Ejemplo:
Alguien que empieza de nuevo después de un divorcio doloroso puede sentir terror ante el futuro.
El Salmo 121 se convierte en un recordatorio de que no estás solo, Dios está contigo en cada paso del camino. Cada nuevo comienzo está bajo su cuidado. Cada incógnita está en manos de un Dios que ve el camino completo.
Cómo aplicar el Salmo 121 en momentos de crisis
1. Haz una pausa y «levanta la vista».
Interrumpe la espiral del miedo. Respira hondo. Reconoce que la ayuda viene de más allá de tus propias fuerzas.
2. Pronuncia las promesas en voz alta o en oración silenciosa.
Hay poder en recordarte a ti mismo: Dios escucha. Dios es constante. Dios está cerca.
3. Busca pequeñas evidencias de su cuidado.
Un mensaje de texto de un amigo. Un momento de calma. Una solución inesperada. No son coincidencias, son recordatorios.
4. Haz lo mejor que puedas y deja que Dios haga el resto.
Da el siguiente paso, no todos los pasos a la vez, sino uno a la vez.
El Salmo 121 promete que Dios cuida tu «entrada y salida». Eso significa que solo necesitas dar el siguiente paso con fe. Él se encarga del resto.
Una palabra final
El Salmo 121 no niega la realidad de la crisis; simplemente la presenta desde otra perspectiva. No estás navegando en medio del caos solo. El Creador del cielo y de la tierra es tu guardián, tu refugio, tu protector, tu compañero constante.
La crisis puede sacudirte, pero no puede alejarte de Aquel que nunca duerme, nunca te abandona y nunca deja de velar por tu vida.
Oración:
Dios Todopoderoso, gracias por cuidarnos y ayudarnos en nuestras crisis. Tus promesas son fieles. Tu amor y cuidado nunca fallan. Cada día que despertamos somos bendecidos. Por favor, danos fuerza, protégenos y guíanos para seguir sirviéndote con alegría, anunciando el Evangelio a todas las naciones. En el nombre de Jesús oramos, Amén.
José Reyes.



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