"El Amor de Dios"
- cowmama60barnes
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Porque de tal manera amó Dios al mundo, que dio a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna. Porque Dios no envió a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para salvar al mundo por medio de él.
Juan 3:16-17.
El amor es paciente, es bondadoso. No tiene envidia, no se jacta, no es orgulloso, no deshonra a los demás, no busca su propio beneficio, no se enoja fácilmente, no guarda rencor. El amor no se deleita en la maldad, sino que se regocija con la verdad. Siempre protege, siempre confía, siempre espera, siempre persevera. El amor nunca falla.
1 Corintios 13:4-8.
Meditación:
El amor de Dios es uno de los temas más familiares en las Escrituras, pero también es uno que a menudo nos cuesta comprender plenamente. Dos pasajes —Juan 3:16-17 y 1 Corintios 13:4-8— nos ofrecen una imagen poderosa de cómo se manifiesta este amor y cómo puede transformar nuestra forma de vida...
Un amor que lo da todo
Juan 3:16-17 nos recuerda que el amor de Dios no es pasivo ni distante. Es un amor conmovedor. Da. Se sacrifica. Llega a nuestra fragilidad no para condenarnos, sino para rescatarnos. Este es el fundamento de la fe cristiana: un Dios que no espera nuestra perfección para amarnos, sino que nos encuentra exactamente donde estamos. Cuando permitimos que esta verdad penetre en nosotros, transforma nuestra percepción de nosotros mismos. No nos definen nuestros fracasos ni nuestro pasado. Nos define un amor que nos eligió primero.
Un amor que se manifiesta en cada momento
Si Juan 3:16-17 nos muestra la profundidad del amor de Dios, 1 Corintios 13:4-8 nos muestra su esencia: cómo se manifiesta en acción. El amor es paciente. El amor es bondadoso. No tiene envidia ni se jacta. No lleva la cuenta. Nunca se rinde.
Estas no son solo frases poéticas; son un modelo para la vida diaria.
Imagina qué cambiaría en tu vida si practicaras al menos una de estas cualidades intencionalmente cada día...
Paciencia en el tráfico. Amabilidad en una conversación apresurada. Humildad cuando quieres demostrar algo. Perdón cuando alguien te decepciona. Estas pequeñas decisiones se convierten en poderosos reflejos del corazón de Dios.
Aplicando el amor de Dios en la vida diaria
Aquí tienes algunas maneras sencillas pero significativas de vivir este tipo de amor:
1. Empieza por recibir
No puedes dar lo que no has recibido. Tómate un momento cada mañana para recordarte: Dios me ama profundamente. Deja que esa verdad ablande tu corazón antes de que comience el día.
2. Practica la paciencia a propósito
La paciencia no es natural, se elige. Cuando la frustración surja, haz una pausa. Respira. Responde con calma. Esa pausa suele ser donde el amor tiene espacio para actuar.
3. Elige la bondad incluso cuando sea inconveniente
La bondad no es solo ser "amable". Es ver a las personas como Dios las ve. Una palabra amable, un pequeño acto de generosidad o un momento de compasión pueden cambiar el día de alguien por completo.
4. Deja ir el marcador
El amor no guarda registro de los errores. Eso significa dejar ir los rencores, negarse a revivir viejas heridas y elegir la paz en lugar de tener la razón.
5. Ama con perseverancia
El amor de Dios nunca falla, y aunque seamos imperfectos, podemos reflejar esa perseverancia estando presentes constantemente para las personas en nuestras vidas, incluso cuando sea difícil.
Un amor que nos transforma
Cuando permitimos que el amor de Dios moldee nuestros pensamientos, reacciones y relaciones, no solo nos convertimos en "mejores personas". Nos convertimos en expresiones vivas del Evangelio. Nos convertimos en recordatorios del Dios que amó tanto al mundo que lo dio todo.
Y lo hermoso es esto: cada día nos da una nueva oportunidad para practicar ese amor de nuevo.
Oración:
Padre Celestial misericordioso, gracias por amarnos, enviando a Jesús, quien pagó por todos, salvándonos y dándonos la vida eterna. Ayúdanos a recordar tu amor cada día compartiendo con alegría el EVANGELIO y nuestro testimonio personal con todas las personas. En el nombre de Jesús oramos. ¡Amén!
José Reyes.



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